No fue casualidad, fue causalidad.

“Desde niña he vivido enamorada del amor, de cupido. He unido muchas parejas, unas que apenas empiezan, otras que están a la espera pronta de recibir la bendición de Dios.”

Es extraño sentir como mis dedos tiemblan al teclear cada letra mientras pienso en las palabras que utilizaré para describir esta historia. Una de tantas que llevo en mi mente y que sólo mi consciencia es testigo de.

Siempre he sido la celestina, aquella que con susurros le dice al joven enamorado que no reprima sus sentimientos puesto que esa chica por quien haría cualquier locura está dispuesta abrir su corazón en cuanto él se disponga a sacar todo eso que lleva por dentro. ¿Pero qué hacer cuando dejas de ser parte del backstage y te conviertes en la protagonista del guión? (Aun me tiemblan las mano, cada vez más fuerte y con más frecuencia.)

Fue en vísperas de lo que muchos llaman “San Valentin”, un día cualquiera para mí, pero no para él. Un día en el que entregaría lo que sería la excusa para una historia de Causalidad y no de Casualidad. Con un abrazo efusivo y una larga charla de nuestras experiencias en España empezó lo que no sabríamos que sería el inicio de un nuevo despertar. Todo fue tan natural pero a la vez tan extraño que cuando regrese a mi habitación, lo único en lo que pude pensar fue “¿Porque me siento así? ¿Que acaba de suceder?”, no deje de pensar en más nadie que no fuera él y lo que había pasado en ese lapso de tiempo que me dejó tan anonadada.

Su aspecto era diferente, no era el mismo que había conocido hacia tanto tiempo atrás, sentí una libertad y confianza tan fuerte que me asustó; una conexión más allá de cualquier fenómeno natural, que mi reacción inmediata fue escribir y decir “Amiga me acaba de pasar algo que jamás en la vida había sentido.” Pero me quede callada, no dije más, trague mis palabras y pensé “SOLO SON LOCURAS MIAS” fue solo una CASUALIDAD.

Casualidad que se convertiría en Causalidad sin saber, no dejaba de pensar en eso que sentí tan extraño esa noche. Continué con mi vida normal, a sabiendas que tan solo había sido un encuentro de negocios y un reencuentro casual. Entre snapchats y pláticas cortas muy matutinas fue aumentando la frecuencia, ya no solo el protagonista era el tráfico o la terapia de conducción sino el “hay muchos lugares que te enseñaré”. Como dicen… “No es la cantidad sino la calidad de los momentos vividos”. Pasé de tener 560 de score en snapchat a tener casi 1,700 en un par de días. La vida me empezó a callar cada una de las palabras que alguna vez dije y ensañarme que era hora de darme una segunda oportunidad.

Así pasaron los días, entre un postre, risas y anécdotas que solo dos amantes de la aventura pueden compartir, el destino nos unía. Un destino con muchas respuestas a tantas incertidumbres del pasado y lecciones de vida para comprender que hay que escuchar el silencio para encontrar el camino…

-MRC

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