Un amor ¿verdadero? o un amor ¿por necesidad?…

Y si, fue un deadline lo que apresuró mi escrito, aunque muchas veces fue él el protagonista de mis historias de amor, de odio, incluso de decepción. Por mucho tiempo me dedique a leer sus tweets, ver sus fotos en redes sociales y como utilizaba hashtags con su recua de amores pasajeros de poca duración y mala terminación.

Pero todo esto paso no antes del final de nuestra segunda primera buena impresión. Porque si algo aprendí de un gran maestro en la universidad es que siempre existe una segunda oportunidad para una primera buena impresión, y fue así como inició lo que fue nuestra historia de amor, un amor ¿por necesidad? un amor ¿verdadero?, pues eso no sé y tampoco si alguna vez lo sabré. Solo sé que en ese momento era el amor presente, uno que llegó de forma inesperada, sin reglas ni ataduras; lleno de anécdotas, y muchas aventuras por planear.

No fue hasta años después, una noche como cualquier otra en la que llena de sueños e ilusiones respondí con un “listo, ya bajo”; lejos de imaginar que aquel encuentro cambiaría el rumbo del destino. Algo descuidada y fresca, recibí a quien ese momento era sólo un posible cliente más, un seguidor silencioso de mis locuras y arrebatos. Un seco y tajante personaje que hasta ese entonces había llegado a ser una sombra del pasado.

Él era serio, de mirada profunda y pocas palabras, siempre atento pero cortante. Escasamente mencionaba lo necesario para no ser descortés, al menos así lo recordaba; nunca aquel hombre que tocó a la puerta para recibir lo que sería el intercambio no sólo de bienes sino de miradas e historias que contar.

Por dónde empezar… es ahí donde reside la incertidumbre; algunos dicen que el orden de los factores influye en el resultado, en mi caso este no se verá alterado porque aún no existe una solución. Al menos no una que concluya de manera determinante.

Si iniciamos por el “final” sólo puedo decir que todo terminó estando lejos, a kilómetros de distancia estando en Perú y con un simple mensaje. Aún recuerdo pasar horas de vuelo entre escalas y esperas, escribiendo y deseando nunca haber bajado, revisando en cada oportunidad mensajes que me dieran respuesta a lo que había sucedido. Pero si algo me ha enseñado la vida es que con cada caída aprendemos a ser más fuertes, a ver desde perspectivas distantes, a seguir adelante y hablar siempre desde el corazón. Y es lo que haré, contaré una historia que aunque haya sido corta para mí, guarda un gran espacio en mi corazón.

Entre risas, postres e intercambios de miradas, todo fue encajando. Era la primera vez que lo veía, a pesar de conocerlo por casi una década, nunca lo había detallado, no solíamos intercambiar más de unas cuantas frases, aquel distanciamiento que nos caracterizaba dejaba de existir. Estaba conociendo un sujeto del que escasamente sabía su nombre y referencias exactas. Era un extraño cada vez más interesante y algo difícil de descifrar al instante pero poco después fácil de identificar; con el cual por primera vez en mucho tiempo sentía que pertenecía, que no debía cohibirme y permitirme ser. Ser aquella consentida, mimada y espontanea niña que vive dentro de este cuerpo de mujer; volví a sentirme libre, sin ataduras y respaldada por alguien que entendía lo que me hacía feliz. Bailar aun cuando su cuerpo le dijera que no quería, llenarse de maizena aun cuando su piel luego le rindiera cuentas; dejarme jugar con sus juguetes tecnológicos sólo porque tenía antojo y permitirme sabotearle sus rutinas en el gym eran pocas de las tantas cosa que me hacían feliz.

Esas notas sorpresas y los “baja, quiero darte un beso” quedaron tatuados en mis recuerdos siendo participes de lo que hoy llevo como regalo de lo que un gran hombre alguna vez hizo por mí. Llenando la check list con los detalles que me enamoran. Porque si algo me hace feliz no es solo una torta de zanahoria y una taza de café sino esos pequeños detalles que son invisibles para los ojos de quienes no quieren ver lo que el corazón le muestra.

De nuestra posible historia pasada, poco o nada hay que contar. Tan sólo era un personaje más en la lista de conocidos que la vida nos coloca con un fin. Pero que luego el destino nos cruzó con otro plan y que hasta el día de hoy seguimos creando recuerdos de etapas vividas juntos, revueltos y a distancia.

Este año te volví a ver, caminamos de la mano juntos, esta vez no frente al mar como en tantas ocasiones lo hicimos, sino cobijados por el frío de las montañas. No con una etiqueta sino simplemente con una mirada más madura y conscientes de lo que somos y queremos, sin esperar nada mutuamente, dejándonos guiar por la noche recordando lo que fuimos y nunca dejaremos de ser.Dos amantes de la aventura, dispuestos a seguir un camino que nos lleve directo a la locura, una locura de felicidad e historias por contar.

A ti, que hoy lees esto, gracias. Gracias por ser parte de mi vida; como lector, protagonista, crítico o de la forma en que estés, porque es por personas como tú que me siento a escribir. Me inspiran a seguir un sueño, lograr un objetivo y continuar creyendo en el amor.

– MRC

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