Aunque suene frase de cajón…

“Cuántas veces sin saber me equivoqué, tuve miedo y por temor no me arriesgué y esta vez voy a confiar en mi intuición… Cuántas vueltas da la vida sin razón y he aprendido a no buscar explicación y hoy de nuevo sin buscarte estás aquí…”

Y fueron estas palabras las que me llevaron a sintetizar mi inspiración, siempre he pensado que si algo nos caracteriza a los amantes de las palabras es su belleza al combinarlas y cómo este juego nos trasporta no sólo a sentir sino a vivir a través otros nuestra propia realidad.

Hoy no ha de ser la excepción, son estas mismas las que saturan mi mente y mi ser, haciéndome reflexionar de mi vida y lo que ha sido en este último año. “Cuántas vueltas da la vida sin razón”, así dice – A.L pero, ¿y si es con una razón desconocida?, es esta mi reflexión.

“Las mejores cosas suceden cuando menos las buscas”… dicen – por ahí. Y, ¡Es cierto! Aunque suene frase de cajón.

Cuando estás a punto de culminar una etapa de tu vida entiendes que vivir sin expectativas pero trabajando por un sueño, te llevará más cerca de ello que tener todo al mando. Llegué a un trabajo no “por error” como dice – mi jefe, llegué porque decidí arriesgarme y confiar en mi intuición, sin certeza de que pasaría luego, pero con la seguridad de que algo mejor me estaría esperando. Y sin más fue así, viví una de las mejores experiencias de mi vida. Momentos que perdurarán en mi mente y corazón eternamente. Aprendí a no buscar explicación, y experimentar lo que es volver a pensar como adolescente pero con la madurez de la experiencia para poder entender cómo ayudar a quienes en mí encontraban una luz.

También, “de nuevo sin buscarte estás aquí”… corazón. Feliz, entregando tus latidos llenos de dicha; sin esperar nada a cambio, sólo viviendo como mejor sabes hacerlo, con emoción, destilando amor del bueno, puro e incondicional. Despejado de todo dolor y dispuesto a brillar desde tu esencia natural. De resto, nada más por decir sólo: Gracias, es la palabra más sencilla pero valiosa que puedo expresar en este momento, gracias a cada uno de los detalles recibidos, vividos y aprendidos porque lo que muchas veces llamamos error, experiencias negativas, castigos, son simples pruebas de las maravillas que se avecinan una vez somos capaces de verlas desde el amor y la gratitud.

Estoy a mitad de un año, un año lleno de eventualidades y sucesos que han dado paso a nuevos caminos llenos de aventuras y transformación, un año de sana locura, en donde no sólo confirmé quien soy, sino lo quiero, y a quienes quiero en mi vida.

Namasté.

– MRC

. . . No suspensivos

Y fue así como dio inicio mi año, último año de veintiañera; la vida regalándome una vez más lecciones para aprender a desaprender. Esta vez fue por medio del yoga, y si en muchas otras ocasiones ya me lo había cruzado pero no así, no de la forma en cómo llegó a mi vida para quedarse.
Muchos piensan que hacer yoga es sinónimo de fitness y mucho cardio, para otro simplemente juntar los dedos, cerrar sus ojos y decir Ummm (como la vaca) pero la verdad es que más allá de todo eso hay un mundo real para mi irreal para otros. Es un universo paralelo lleno de magia y amor en donde no hay espacio para lo imposible, puesto que una vez te incorporas en el, todo empieza a tener sentido y lo que creías que eran piezas sin forma se vuelven protagonistas de una obra más allá de lo inimaginable.
Así pues llegue yo, o más bien llego a mi este viaje al que hace mucho había comprado el boleto pero no me atrevía a disfrutarlo. Un viaje que se convertiría en mi mejor espejo pero sobre todo abismo. Abismo de emociones, acciones y muchas decisiones. En el cual arroje y me deshice de kilos de ataduras y pasado, desamor y malos entendidos hacia mi misma más que hacía el mundo. Entendí una vez más que todo radica en mí, exteriorizándose en mi entorno.
De algo soy cada día más consciente y es de cuanto había dejado de vivir y ser. Cuanto me había negado a sorprenderme y cergarme a conocerme. Creía saber todo de mí, mis razones y mí manera de pensar sin analizar que hay dentro de mi que viene desde el momento en q nací. Y fue allí cuando conocí de donde venía, cuales eran esos rasgos que me hacen ser lo que soy y apasionarme con lo que me encanta. Sin negarlo diré que pase por distintas etapas, y cada vez me convencía que el universo, Dios y la vida me estaban enviando señales de aprendizaje y aliento motivándome a seguir, disfrutar y valorar el camino q había emprendido.

Reconocí lo bueno y también lo malo, absorbí de ambos lo necesario para aceptar lo que soy y hacia dónde voy. Conocí personas que fueron más q un sustento, modelos de vida y experiencias únicas. Otras fueron el mejor reflejo para verme desde los ojos de alguien más. De cada día me llevo un gran recuerdo y valiosa enseñanza, de vuelta con mi cuerpo intacto un poco más gordo de amor y tranquilidad lleno de ilusión y antojos de continuar con esta búsqueda q cada vez q siento q culminó es simplemente una puerta más que se abre hacia ese mundo extraordinario q vive dentro de mí y del que aún me falta mucho por descubrir.

Seis meses después mi año sigue vigente, aún con veintitantos casi para alcanzar mis primero treintas, preparándome en todos los sentidos para recibirlos con mi mejor sonrisa y picardía, agradeciéndoles por los años de experiencia y lecciones. Sin estas mi vida no sería tan divertida de recordar.

– MRC