. . . No suspensivos

Y fue así como dio inicio mi año, último año de veintiañera; la vida regalándome una vez más lecciones para aprender a desaprender. Esta vez fue por medio del yoga, y si en muchas otras ocasiones ya me lo había cruzado pero no así, no de la forma en cómo llegó a mi vida para quedarse.
Muchos piensan que hacer yoga es sinónimo de fitness y mucho cardio, para otro simplemente juntar los dedos, cerrar sus ojos y decir Ummm (como la vaca) pero la verdad es que más allá de todo eso hay un mundo real para mi irreal para otros. Es un universo paralelo lleno de magia y amor en donde no hay espacio para lo imposible, puesto que una vez te incorporas en el, todo empieza a tener sentido y lo que creías que eran piezas sin forma se vuelven protagonistas de una obra más allá de lo inimaginable.
Así pues llegue yo, o más bien llego a mi este viaje al que hace mucho había comprado el boleto pero no me atrevía a disfrutarlo. Un viaje que se convertiría en mi mejor espejo pero sobre todo abismo. Abismo de emociones, acciones y muchas decisiones. En el cual arroje y me deshice de kilos de ataduras y pasado, desamor y malos entendidos hacia mi misma más que hacía el mundo. Entendí una vez más que todo radica en mí, exteriorizándose en mi entorno.
De algo soy cada día más consciente y es de cuanto había dejado de vivir y ser. Cuanto me había negado a sorprenderme y cergarme a conocerme. Creía saber todo de mí, mis razones y mí manera de pensar sin analizar que hay dentro de mi que viene desde el momento en q nací. Y fue allí cuando conocí de donde venía, cuales eran esos rasgos que me hacen ser lo que soy y apasionarme con lo que me encanta. Sin negarlo diré que pase por distintas etapas, y cada vez me convencía que el universo, dios y la vida me estaban enviando señales de aprendizaje y aliento motivándome a seguir, disfrutar y valorar el camino q había emprendido.

Reconocí lo bueno y también lo malo, absorbí de ambos lo necesario para aceptar lo que soy y hacia dónde voy. Conocí personas que fueron más q un sustento, modelos de vida y experiencias únicas. Otras fueron el mejor reflejo para verme desde los ojos de alguien más. De cada día me llevo un gran recuerdo y valiosa enseñanza, de vuelta con mi cuerpo intacto un poco más gordo de amor y tranquilidad lleno de ilusión y antojos de continuar con esta búsqueda q mis cada vez q siento q culminó es simplemente una puerta más que se abre hacia ese mundo extraordinario q vive dentro de mí y del que aún me falta mucho por descubrir.

Seis meses después mi año sigue vigente, aún con veintitantos casi para alcanzar mis primero treintas, preparándome en todos los sentidos para recibirlos con mi mejor sonrisa y picardía y agradeciéndoles por los años de experiencia y lecciones. Sin estas mi vida no sería tan divertida de recordar.

– MRC